
Miguel de los Santos
Tú dices… Bécquer decía…, – David Araújo (Pie de página 2023)
Por la retrospectiva de mi memoria me veo en aquel niño que un día fui sentado bajo el parral de la casa paterna donde la abuela Carmen tejía en silencio ajena al cuchichí de las perdices enjauladas que mi padre adiestraba como señuelos en sus habituales partidas de caza. Las ventanas abiertas de la vivienda para dar paso a una primavera perfumada y gloriosa permitían que el patio se inundara de los sonidos de la radio que mi madre encendía invariablemente a esas horas de la sobremesa para escuchar el programa Peticiones del Oyente en el que los locutores, tras leer las consabidas dedicatorias y mensajes de felicitación a propósito de cualquier tipo de efeméride entre familiares o amigos, anunciaban y emitían las canciones solicitadas, generalmente las más populares del momento. Entre coplas, boleros y pasodobles que copaban los títulos más populares de la época, de vez en cuando los oyentes solicitaban la emisión de un poema. Dos poesías concretamente que, por su reiterativa difusión acabaron por alcanzar una popularidad inusitada: La Profecía, De Rafael de León…
“Me lo dijeron ayer
las lenguas de doble filo
que te casaste hace un mes
y me quedé tan tranquilo”…
Y El romance de La Chata, de Rafael Duyos…
…”Y un chavea, un raterillo
con la colilla apagada,
por la calle Arrieta arriba
diciendo: “¡He visto a La Chata!”
Así termina. Pero se trata de una tirada continua y muy extensa de versos octosílabos donde se narra la ida de la Infanta Isabel de Borbón a los toros, su vestimenta y un largo recorrido por Madrid. Un poema como el anterior de una plenitud estética y rítmica maravillosa cuya musicalidad y estructura cumplen a la perfección con lo que significa el género poético, el más bohemio y olvidado en su naturaleza de cuantos configuran la literatura universal. Fue para mí un hallazgo prematuro que se repetiría secuencialmente a lo largo de los años. Aún hoy retiene mi memoria ambos poemas que dieron juego y lustre a mi infancia por el empecinado empeño de la abuela en invitarme a recitarlos en toda fiesta o sarao familiar que se pusiera a mano.
Con ellos a cuestas desembarqué en el mundo lectivo de un largo bachillerato donde por empeño y afición de mi catedrático de Lengua y Literatura me zambullí de lleno en el Siglo de Oro para reencontrarme y reactivar aquel descubrimiento asombroso de una poesía con mayúsculas. La poesía histórica de Don José Zorrilla…
“Corriendo van por la vega
a las puertas de Granada
hasta cuarenta gomeles
y el capitán que los manda”…
La Oriental, un romance morisco que narra el encuentro entre un capitán gomel moro y una cautiva cristiana. Ideal para la imaginación de un adolescente fantasioso, como era mi caso. O La canción del Pirata, De José de Espronceda…
“Que es mi barco mi tesoro
que es mi Dios la libertad,
mi ley la fuerza y el viento
mi única patria, la mar”.
Libertad, independencia, fantasía sin límites ni horizonte para incentivar la aventura de la vida por llegar. Y, para colmo de un corazón joven proclive a los primeros amoríos, un día cayó en mis manos Gutierre de Cetina, el poeta y soldado sevillano…
“Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados
¿por qué si me miráis, miráis airados?”…
Qué perfección en la métrica y cuánta belleza en el ritmo y la musicalidad de la rima…
“Ojos claros, serenos
ya que así me miráis, miradme al menos”.
Fueron los primeros brotes de una afición poética que se marchitaría con el tiempo. Justo cuando la producción poética al menos en España, y en castellano en general, fue perdiendo el brío y el ingenio; perdiendo aquella musicalidad perfecta del arte de la versificación posiblemente por la mercantilización que padece el hecho literario y por la invasión de formas y modos de todo punto heterodoxos que han suplantado la poesía en verso. Si bien antes de que esto sucediera la poesía en España ha vivido tres momentos gloriosos dejándonos un hermoso legado en el que me refugio a veces para compensar esa ausencia. La generación del 98 con los Machado, Unamuno, Azorín, Baroja o Valle Inclán al frente, con una inmensa obra poética que abarca desde el paisajismo al conflicto entre la fe y la razón pasando por el esperpento de Don Ramón María.
“Es la vida una farsa de guiñol y vino
donde el dolor se disfraza de esperpento
Madrid es el escenario de este desatino
donde el honor se lo lleva el vendaval y el viento”.
La del 27 de Lorca, Alberti, Cernuda, Guillén y Salinas con piezas magistrales como el Romance de la luna, luna del famoso Romancero Gitano, de Federico…
“La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira
el niño la está mirando”.
Y la última añada del poemario nacional. Gran reserva del 36. Miguel Hernández, Luis Rosales, Leopoldo Panero, Dionisio Ridruejo…
“Yo quiero ser
llorando el hortelano
de la tierra que
ocupas y estercolas
compañero del alma
tan temprano”.
Creo que el verso se ha perdido en el lenguaje, en la lectura y en la declamación. Se ha perdido definitivamente entre modismos ralos y palabras nuevas. Esto es lo que expone y denuncia suavemente, a su manera de poeta, David Araújo, el autor de Tú dices… Bécquer decía…, delicioso ejemplar literario que, tanto por su intención como por su ingenio se ha convertido en pocos meses en uno de Los libros de mi vida. Afortunado hallazgo durante una presentación de trabajos de jóvenes poetas a la que fui invitado por la Editorial Pie de Página, tras muchos años alejado del ambiente poético. Entre otros varios ejemplares de títulos recién publicados reposaba sobre el anaquel desde donde la imagen dibujada de Gustavo Adolfo Bécquer pareció guiñarme un ojo. Lo tomé, ojeé y leí…
Tú dices: ”Me tienes muy rayado. Pienso en ti todo el rato”
Pedro Salinas decía: ”Que paseo de noche con tu ausencia a mi lado. Me acompaña al sentir que no vienes conmigo”.
Un formidable ejercicio comparativo donde (tal y como concluye en su contraportada) «David Araújo traduce a la lengua del siglo XXI grandes fragmentos de nuestra literatura, permitiendo con el contraste que se observe la grandeza y el valor de un texto literario construido con arte».



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