
Marcos Ballester Matito
No es tarea sencilla abordar la reseña de una antología, y menos aún, cuando quien escribe forma parte de ella. En esta, más que en cualquier otra, os escribo desde la más completa de las subjetividades, dejando rienda suelta al carro de las pasiones, para que surque el cielo como Febo.
Como toda antología coral, el conjunto es variado, irregular, diverso, pero en esa originalidad reside parte de su interés. Este volumen reúne a catorce autores y más de una veintena de relatos más o menos breves que exploran distintas modulaciones de un mismo fenómeno: el miedo; algo que atraviesa al género humano, algo que muta y se transforma con cada generación, algo que se pone máscaras para entrar dentro de uno y que, una vez dentro es muy difícil de combatir.
El miedo se arraiga al hombre como una garrapata a la piel; mete su cabeza y empieza a succionar la sangre y la energía poco a poco. Creo que esto resume bien la experiencia de lectura que propone la antología: una inmersión en el género, donde conviven el terror psicológico, lo sobrenatural, lo rural y lo cotidiano.
Las historias que componen Tarde de monstruos pueden leerse como ventanas abiertas a realidades diversas: algunas parecieran estar sacadas de nuestro mundo, el “real”, pero pronto uno se da cuenta de que aparece en él algo que se ha torcido de una forma inesperada y macabra; otras se adentran en territorios más fantásticos inspirados en las tradiciones de la península ibérica.
Para mí, que soy un gran lector de Lovecraft y su círculo, Tarde de monstruos se sitúa en una tradición reconocible: la de aquellas revistas norteamericanas como Weird Tales o las recopilaciones de relatos traducidos al castellano que han encontrado eco en sellos como Maestros del Pulp. Sin embargo, hay una gran diferencia con ellas: estos textos no se han traducido al castellano, nacen ya escritos en nuestra lengua, en nuestro entorno, en nuestra cultura.
Formar parte de este grupo de personas que un día quisimos recuperar el espíritu de la tradición analógica, de la narración oral, de reunirnos una tarde a contarnos historias, de escribir para otros y para nosotros mismos ha sido una experiencia realmente enriquecedora. Y creo que los frutos del trabajo quedan muy bien reflejados en este libro.
La antología se abre con un ensayo introductorio que funciona como marco teórico del terror para orientar la lectura y reivindicar su lugar en la tradición literaria española, donde históricamente ha sido relegado frente al realismo.
Además, al final, podréis “conversar” con los distintos autores que hemos compartido con vosotros nuestras historias, pues hay un apartado en el que cada uno describe qué significa para nosotros el miedo y lo monstruoso y cómo lo hemos querido interpretar en nuestros relatos.




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