
El grupo literario Solicos comenzó su andadura en 2011 con seis miembros. En la actualidad, forman parte del mismo unos trece. En 2014 publicaron el libro Con placeres, que recopilaba escritos de todos sus miembros. Presentaron el libro en varias localidades de Madrid, en Ateca, Ariza y en Vitoria. Se suelen reunir en Pinto una vez al mes para cenar y leer sus relatos. Han llevado sus reuniones literarias a Dublín y a Berzocana.
María Cristóbal Sánchez
Uno no elige la familia en la que nace; ni siquiera cuándo, dónde ni por qué lo hace. La certeza de existir es tan remota como la de ser agraciado con el gordo de la lotería de Navidad; somos resultado de la probabilidad: un 20% de éxito entre más de 500 millones de candidatos. Así pues, a pesar de no tener capacidad de elección, somos el fruto de un mercado altamente competitivo en el que nuestra mera existencia ya es nuestro mayor logro.
Y una vez aquí, el entorno familiar y social trata de modelar al recién llegado a su imagen y semejanza, contaminándolo con sus tradiciones, sus creencias, sus hábitos, sus gustos, su estética, sus valores… El colegio da la oportunidad de elegir algunos amigos, los más afines, y contagiarse de sus formas de pensar, sentir y hacer; o tal vez no, tal vez el lugar de residencia sea tan pequeño que los amigos vengan impuestos por la baja población y los poquitos habitantes de edad similar.
A lo largo de la vida, se entra en contacto con multitud de personas; algunas estarán de paso y otras habrán venido para quedarse. Cada una de ellas, su personalidad y los momentos compartidos, ayudan a reflexionar si la imagen del niño que otros pretendieron crear se corresponde con el modelo que define la propia identidad.
Gracias a las relaciones personales y a las vivencias compartidas, tenemos la oportunidad de mirar hacia nuestro interior y encontrar a nuestro yo elegido, tomando consciencia de quiénes somos y quiénes queremos ser. Es en este proceso donde, por primera vez, podemos elegir y encontrar al adulto en el que deseamos convertirnos, tomando las riendas de nuestro propio desarrollo y dejando de lado los condicionamientos impuestos en nuestra infancia, llegando a sentirse un adaptado a la sociedad en la que vive o, simplemente, un adoptado por la sociedad en la que le ha tocado vivir.
Y así es como uno va tomando conciencia de que es diferente: distinto a sus hermanos, extraño en su propio pueblo, desplazado en las reuniones del cole de sus hijos, ajeno a los temas de conversación de sus compañeros de trabajo… como una pieza de otro puzle.
Y es entonces cuando, a tenor de ser tomado por loco, uno comienza a plasmar sobre el papel los pensamientos y reflexiones que no puede o no se atreve a compartir con nadie, porque no cree que haya nadie a quien pudiera interesar, ni siquiera que le pudiera comprender.
Y entonces nace SOLICOS, fruto del encuentro, la amistad, el amor, la necesidad de compartir, el placer de conversar, la ilusión por crear, la esperanza por hacer un mundo mejor. SOLICOS es el lugar que adopta a los inadaptados, donde cobran voz los relatos, donde el buen vino riega la amistad y los abrazos alimentan el alma.
SOLICOS es mucho más que un grupo de amigos. Es una hermandad, una sociedad, una familia, un grupo de gente afín y diversa, sencilla y compleja, inconformista e inquieta.
Según el diccionario de la RAE, SOLICOS es un enclave mágico de pasión por el conocimiento, la amistad y las artes, donde se reúnen personas ávidas de su pasión por compartir gastronomía, lectura y escritura rodeados de cariño, humildad y naturalidad.
Pero ser de SOLICOS no es algo que se pueda elegir, sino que es SOLICOS quien te elige a ti.


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