
Felipe Díaz Pardo
La variedad del cuento en el fondo y en la forma
El cuento, tradicionalmente, ha sido un género casi desconocido en la historia de la literatura. La crítica tampoco ha hecho mucho caso de él, a tenor de los pocos estudios que hay sobre el tema. Y las editoriales han mostrado cierto desprecio, interesándose casi siempre por autores consagrados y famosos por sus novelas o haciendo tiradas limitadas de los libros de relatos. Tal vez esa escasa valoración se debiera también a la confusión que ha acompañado al término “cuento”, al asociarlo al relato infantil o al relacionarlo con connotaciones negativas que tienen que ver con la mentira o el engaño.
No obstante, a finales del siglo XX, la década de los 80 dará cuenta de cambios importantes que coincidirán con un nuevo impulso del cuento, a pesar de que siempre surjan opiniones que sigan defendiendo lo contrario. Coincide esta etapa con un nuevo panorama cultural en España, iniciado pocos años antes, en 1975, con la llegada de la democracia, momento de apertura, de diversidad, de libertad. En este nuevo escenario se desarrollará el cuento literario, género del que queremos mostrar su trayectoria entre los años 1980 y 2000.
Varios aspectos influyen en esta mejoría del cuento durante esta época. Por un lado, en ese contexto al que antes nos referíamos, y que conduce a la variedad, el relato corto da buena cuenta de las posibilidades que puede ofrecer. Por otro, las propias condiciones del mercado editorial, que desprecia todo lo que no “huela” a mercantilismo, permiten que el cuento, asumiendo su papel de marginado y de que no es un género comercial, no se deje influir por esa presión y se mueva por el terreno literario de la libertad. Por último, y siguiendo la opinión de Francisco Umbral, “el cuento es el género que mejor se corresponde con el estado de conciencia de hoy” (Teoría de Lola y otros cuentos. Barcelona, Destino, 1977, p. 9). Vivimos en un mundo de prisas, y como también afirma Francisco García Pavón, “el lector actual, falto de tiempo y acostumbrado a la concreción del cine, se encuentra magníficamente predispuesto para la lectura de la novela corta y el cuento” (Antología de cuentistas españoles contemporáneos (1939‑1966). Madrid, Gredos, 1966, p.9).
Sin ser exhaustivos en nuestras explicaciones, por razones evidentes de espacio, podemos defender la variedad del cuento de los últimos veinte años del siglo XX, siguiendo como orden de nuestra argumentación los dos ejes en que se suele dividir una obra literaria: fondo y forma. Con respecto al primero, escogemos varios cuentos, de acuerdo con una clasificación temática y argumental; el segundo eje nos sirve para clasificar otros tantos tipos, tomando como referencia los elementos técnicos o estructurales dominantes que aparecen en los relatos. De este modo, el muestrario que proponemos es el que sigue:
—Fondo: Cuento realista (“Foto de familia”, de Ignacio Martínez de Pisón); cuento fantástico y de terror (“El nacimiento en el desván”, de José María Merino); cuento amoroso (“Sergei Fiodorovich”, de Luis G. Martín); cuento de suspense o intriga (“La ventana del jardín”, de Cristina Fernández Cubas); cuento épico‑legendario (“Yakún el de los dientes largos”, de Agustín Cerezales); cuento policíaco y criminal (“Nunca hables demasiado”, de Juan Madrid); cuento de ambiente urbano (“El puñal en la garganta”, de Rosa Montero); cuento de ambiente rural (“Mi tío César”, de Luis Mateo Díez); cuento erótico (“El quiosco”, de Luis Eduardo Zúñiga); y cuento metaliterario o culturalista (“La dama boba”, de Paloma Díaz Mas).
—Forma: Cuento intimista o psicológico (“Un país extranjero”, de Soledad Puértolas); cuento irónico o paródico (“Ponga un ciego en su vida”, de José Ferrer‑Bermejo); cuento de estructura epistolar (“Trozos de vida al viento”, de Félix J. Palma); cuento de estructura dramática (“XXXVIII”, de Javier Tomeo); cuento experimental (“Polifonía de vecinas”, “Pasatiempos” y “Estuvaro Gelici: deteracción de Omnubio”, de Alberto Escudero); microrrelato (“La chicharra crédula”, de Neus Aguado, “El miedo”, de Pedro Ugarte y “Orillas”, de Andrés Neuman); cuento artículo (“Guerra de religión” y “Tú verás”, de Juan José Millás); cuento humorístico o absurdo (“Porque fue sensible”, de Manuel Longares); cuento simbólico (“Dos individuos eternos”, de Felipe Benítez Reyes; y cuento lírico (“Esperando a Lidia”, de Antonio Colinas).
Por otra parte, los cuentos referidos son un ejemplo también del nutrido y variado número de autores que cultivan el género en la época que nos ocupa. Los límites de edad se van ensanchando con los últimos años, ya iniciado el siglo XXI, y la presencia de jovencísimos autores aumenta. Tal hecho se refleja en algunas publicaciones recientes, como la titulada Pequeñas resistencias. Antología del nuevo cuento español, aparecida en la editorial Páginas de Espuma. Nuestra selección recoge ya alguno de estos nuevos autores, nacidos entre los años 60 y 70 del siglo pasado.
Los nombres incluidos en nuestra lista los podemos situar temporalmente en dos grandes grupos:
—Autores nacidos a partir de 1940: José María Merino, Luis Mateo Díez, Alberto Escudero, Manuel Longares, Cristina Fernández Cubas, Juan José Millás, Antonio Colinas, Soledad Puértolas, Rosa Montero y Paloma Díaz Mas.
—Autores nacidos a partir de 1955: Neus Aguado, José Ferrer‑Bermejo, Agustín Cerezales, Felipe Benítez Reyes, Luis G. Martín, Pedro Ugarte, Félix J. Palma y Andrés Neuman.
Otros dos escritores, incluidos aquí, enriquecen las nóminas anteriores: Juan Eduardo Zúñiga (1919) y Javier Tomeo (1932). Zúñiga edita su primer libro de cuentos, Largo noviembre de Madrid, en 1980, y se encuentra formado por relatos cuyo tema común es la guerra civil, representando así al realismo memorialista. Posteriormente publica La tierra será un paraíso (1989) y Misterios de las noches y los días (1992), libro este último del que procede el cuento seleccionado y que muestra un mundo en que conviven lo poético, lo mágico y lo misterioso. Tomeo, que publicó también varios libros de narraciones a partir de 1988, es el autor más representativo del cuento sustentado en el diálogo. Ambos, pues, desarrollan su trabajo también en este género durante el período que nos interesa.
Libros de cuentos para una panorámica
A fin de orientar al lector interesado, anotamos a continuación los autores y volúmenes de cuentos que nos han proporcionado los textos antes citados y que, por ende, constituyen asimismo nuestra propuesta para conocer el panorama del cuento literario español a finales del siglo XX:
Ignacio Martínez de Pisón: Foto de familia. Barcelona, Anagrama, 1998. José María Merino: El viajero perdido. Madrid, Alfaguara, 1990. Cristina Fernández Cubas: Mi hermana Elba y los altillos de Brumal. Madrid, Alfaguara, 1988. Agustín Cerezales: Escaleras en el limbo. Barcelona, Lumen, 1991. Juan Madrid: Cuentos del asfalto. Madrid, Popular, 1991. VV.AA.: Relatos urbanos. Madrid, Alfaguara, 1994. Luis Mateo Díez: Brasas de agosto. Madrid, Alfaguara, 1989. Luis Eduardo Zúñiga: Misterios de las noches y los días. Madrid, Alfaguara, 1992. Paloma Díaz Mas: Nuestro milenio. Barcelona, Anagrama, 1987. Soledad Puértolas: Una enfermedad moral. Barcelona, Anagrama, 1988. José Ferrer‑Bermejo: Incidente en Atocha. Madrid, Alfaguara/Nostromo, 1982. Félix J. Palma: El vigilante de la salamandra. Valencia, Pre‑textos, 1998. Javier Tomeo: Historias mínimas. Barcelona, Anagrama, 1996. Alberto Escudero: La piedra Simpson. Madrid, Alfaguara, 1987. Neus Aguado: Paciencia y barajar. Barcelona, Tusquets, 1990. Pedro Ugarte: Noticia de tierras improbables. Pamplona, Hierbaola, 1992. Andrés Neuman: El que espera. Barcelona, Anagrama, 2000. Juan José Millás: Articuentos. Barcelona, Alba, 2001. Manuel Longares: Extravíos. Madrid, Alfaguara, 1999. Felipe Benítez Reyes: Maneras de perder. Barcelona, Tusquets, 1997. Antonio Colinas: Días en Petavonium. Barcelona, Tusquets, 1994.
Conclusión
Para cerrar estas líneas, expresamos dos únicas reflexiones:
La primera, que los textos relacionados dan cuenta de la idea principal que este artículo quiere transmitir: la importancia del cuento literario en los últimos años del siglo XX. Este fenómeno viene dado, al margen de otras consideraciones, por la diversidad temática y formal del género, como queda demostrado.
Y la segunda, que no es ésta una muestra de los autores más conocidos, ni la de un elenco de escritores de una sola generación. Presentamos estos narradores por su aportación a la variedad del género, sin olvidar nunca la calidad de los textos. Si bien predominan los autores jóvenes, también se incluyen autores de mayor edad, lo que contribuye a aumentar la riqueza de la muestra. Así pues, cultivan el cuento en estos años escritores nacidos, por ejemplo, en 1919 —como es el caso, ya referido, de Luis Eduardo Zúñiga— o en 1977 —año de nacimiento de Andrés Neuman.



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